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civil.
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Strafford muere en 1641.
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antipopular. La institución que impidió a Carlos I el colectar fondos para la marina es la
misma que antes impidiera a Ricardo II el dar libertad a los siervos. El grupo que re-
clamaba ahora carbón y minerales a Carlos I es el mismo que ms tarde reclamara las
tierras comunales a las aldeas. Y eran los mismos quienes, apenas dos generaciones antes,
haban colaborado solcitamente a la destrucción de cosas que, no sólo afectaban a los
sentimientos populares, como los monasterios, sino que tenan una utilidad popular
inmediata, como los gremios y parroquias, gobiernos locales y mercados. La obra de los
grandes seores podr haber tenido-y es dudoso-otros aspectos ms patrióticos y
positivos; pero, en todo caso, el Parlamento era el órgano de los grandes seores. La
Casaa de los Comunes era, verdaderamente, la Casa de los Lores.
Consideremos ahora el otro aspecto de la campaa contra los Estuardos: el
sentimiento antidespótico. He aqu una cuestión mucho ms difcil de aclarar y mucho
ms difcil de justificar. Contra los Estuardos se han dicho las mayores insensateces, pero
apenas se habr dado la verdadera explicación de las razones que a sus enemigos
asistieron. Y es que estas razones dependen de lo que ms generalmente olvidamos en
nuestras historias: las condiciones del continente europeo. Porque hay que tener en cuenta
que, si los Estuardos fracasaron en Inglaterra, no as las causas por las que ellos
combatieron en el resto de Europa. Dichas causas se reducen a lo siguiente: primero, los
efectos de la contrarreforma, que hicieron aparecer el catolicismo de los Estuardos a los
ojos de los protestantes sinceros, no como las ascuas ltimas de la hoguera, sino como el
ardiente fuego de la conflagración. Carlos II, por ejemplo, era un hombre de
temperamento intelectual enrgico, escptico y caprichosamente irritable; su convicción
respecto a la filosofa del catolicismo era tan completa, que casi la profesaba a su pesar.
Por otra parte, en Francia se estaba formando una aristocracia tan tremenda como una
Bastilla. Era, desde luego, ms lógica y, en muchos sentidos, ms igualitaria y equitativa
que la oligarqua inglesa; pero en caso de rebelión o siquiera de resistencia, vino a ser una
verdadera tirana. All no haba nada de ese aparato ingls de salvaguardias de los jurados
y buenas costumbres que establece el antiguo derecho comn; pero haba, en cambio, la
lettre de cachet, inapelable y mgica. El ingls que violaba una ley se encontraba mucho
mejor que el francs en igualdad de circunstancias ; y un satrico francs pudiera re-
trucarnos que el ingls se encontraba peor que el francs en caso de cumplimiento de las
leyes. Era el seor el que daba normas a la vida de los dems hombres ; pero el hecho de
desempear un magisterio, ms bien era un freno para su poder. Como amo de
poblaciones, era ms fuerte que los dems ; pero como agente del rey, ms dbil. Al
defender, pues, semejante estado de cosas, los Whigs no defendan la democracia, pero s
la libertad. Y de paso, algn resto de las libertades medievales, aunque no lo mejor : el
jurado, pero no los gremios. Aun el feudalismo implicaba cierto ejercicio de libertades
que venan envueltas en el sistema aristocrtico. Con razón, los que aman tal situación se
alarman ante el Leviatn del Estado, que para Hobbes era un monstruo,. pero para Francia
era un hombre.
Por desgracia, el puritanismo iba ya pasando en todo aquello en que realmente era
puro. El tipo de esta transición est encarnado en aquel hombre extraordinario cuya
popularidad consiste, precisamente, en haber dado el triunfo al puritanismo. Oliver
Cromwell aparece en la historia, ms que como el jefe del puritanismo, como el
domesticador del puritanismo. Cromwell era un hombre posedo, en su juventud con toda
seguridad, y probablemente durante toda su vida, de aquellas sombras pasiones religiosas
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generales en su poca. Pero a medida que su figura cobra importancia, parece destacarse
en el, ms que el puritanismo de Escocia, el positivismo de Inglaterra. El era un seor
puritano, pero mucho ms se or que puritano, y con l empieza ya ese proceso en que el
gobierno de los seores habr de convertirse del puritanismo al paganismo. Aqu est la
causa de todo lo que se ha dicho de el, en elogio y en censura ; as se explica cierta
relativa cordura, cierta tolerancia y aun cierta modernidad en algunos de sus actos ; as
aquella grosera, tambin relativa, aquella crudeza, aquel cinismo y ademn antiptico en
muchos otros. Era el reverso del idealista; luego era absurdo querer hacer de el un ideal ;
pero, como la mayora de los seores, era un ingls genuino, a quien no le faltaban
patriotismo ni preocupación por el bien pblico. Su manera de apoderarse del gobierno,
destruyendo un gobierno tan impersonal como ideal, fue, hasta en su sinrazón, un rasgo
profundamente ingls. Lo de matar al rey no se me figura cosa muy suya, ni creo que a el
se le haya ocurrido primero. Parece ms bien una concesión a los altos e inhumanos idea-
les de los puritanos ms extremistas, con quienes tuvo que obrar de acuerdo al principio,
aunque, al fin, tuvo que chocar. En este acto no cromwelliano hubo, pues, ms lógica que
crueldad. Que l, por su parte, trató con crueldad bestial a los nativos irlandeses, a
quienes el exclusivismo espiritual a la moda consideraba como bestias. (El eufemismo de
hoy les llama aborgenes.) Porque su temperamento prctico le arrastraba ms
fcilmente a hacer inhumanidades en lo que el consideraba como ltimos lmites de la
civilización, que no a ejecutar una especie de sacrificio humano en el teatro y centro de la
civilización. Cromwell no es un regicida representativo. En cierto sentido, aquella
degollación fue superior a l. Un verdadero regicida la habra hecho en un estado de
xtasis o visión, y el no se sintió turbado por la menor visión. Pero el verdadero choque
entre lo religioso y lo racional del movimiento seiscentista aconteció simbólicamente
durante aquel fatdico da de Dunbar74, en que los frenticos predicadores escoceses
dominaron a Leslie y le obligaron a bajar al valle para ser vctima del sentido comn de
Cromwell. Cromwell se dijo que era Dios quien le haba puesto en sus manos, y, en todo
caso, fue el Dios de aquellos hombres, el Dios absurdo y sombro de los sueos
calvinistas, tan opresor como una pesadilla y tan pasajero como sta.
Aquel da no triunfó realmente el puritano, sino el whig, el ingls de los
compromisos aristocrticos. Aun la Restauración, que vino a la muerte de Chomwell, fue
un compromiso o transacción arista crtica y del tipo Whig. Tal vez el pueblo se regocijó,
como si se tratara de la vuelta de un rey medieval; pero el Protectorado y la Restauración
se parecan entre s ms de lo que el pueblo se figuraba. Aun en las cosas superficiales, en
que la mo- narqua restaurada pareció ser una liberación definitiva, no fue ms que una
tregua. As, por ejemplo, el rgimen puritano se levantó, principalmente, merced a la
ayuda del militarismo, cosa desconocida del todo en la Edad Media. Tropas escogidas y
profesionales, severamente dsciplinadas, pero bien pagadas, fueron el instrumento de
poder de los puritanos.
Cierto que estas tropas fueron desbandadas, al fin, y que tanto los Tories como los [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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